Isabel Pantoja

Un rojo, rojo clavel, para la niña Isabela, una niña que queriendo ser artista de siempre se hace grande cantando yo soy esa, y que Rafael de León, conde de Gómara y Marqués del Valle de la reina le escribe entre otras su Garlochí.

Te siento y te persigo como el pájaro verde, que enamorado fue por tu voz, cierro los ojos con la espesura en la niebla y sueño que soy un marinero de luces que con la rodilla en tierra, en la orillita del mar, ¡ Ay Torre, Torremolinos ¡ te canto  hermoso ese bolero que en sus letras te habla de amor eterno.

Querría ser feriante,  para olvidarte y quitarme ésta pena mía, ir de aquí para allá con aquella Carmen ruidosa y juguetona como si yo fuera un Francisco Alegre cualquiera. Pero yo no puedo cambiar por ti porque sin ti no soy nada. Vuelve, vuelve no me des la espalda, delante de la Virgen del Rocío, en su capilla me encuentro rezándole, yo lo se, tu serás mi Navidad, resplandeceré igual que tú resplandecerás, como que la luz está en el sur.

Por eso de nuevo grito al cielo que hoy quiero confesarme, mi alegría se desborda y trota gallarda como un caballo de rejoneo en el albero del ruedo, se me enamora el alma cuando te veo, y los sentimientos galopa a donde el corazón me lleve.

No vivo sin ti, y bebo del hermoso  veneno que me llevara embriagado a tu vera, no vivo sin ti porque mi alma está embrujá por tu querer. Nunca fui tu amante.. amante, pero sabes que siempre yo te quiero a mi manera, despierto te sueño  y porque me gusta a morir voy a  jurarte mi cariño eterno.

¡Ay ¡ mi niña Isabel, ¡ ay ¡ mi Isabel Pantoja, ya lo sabes, hay que sembrar en Navidad, y recoger la cosecha durante todo el año, pero no me digas que pasó tu tiempo y que no eres de nadie, tú eres de todos un poco, eres la reina de la copla, y para hacer daño, que se busquen a otra.

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