Plata y Oro


JAZMINES EN EL OJAL
 

Con "Jazmines en el ojal", Antonio Burgos culmina la trilogía que inició con Mirando al mar soñé y Reloj no marques las horas, una recreación literaria de los mundos perdidos cimentada en los atlantes y cariátides, según los casos, de las columnas periodísticas que publica en EL MUNDO.

La presentación del libro corrió a cargo de Carlos Herrera que comenzó diciendo que "Ciertamente hace muchos años que no veo a ningún caballero con jazmines en el ojal", para citar más tarde: "Tendrías que escribir el calendario nunca escrito de los árboles floridos de la ciudad, magnolios, naranjos, las acacias negras con flores blancas, los violáceos árboles de amor de la Plaza de América.

Carlos Herrera andaluz de la "ese", pero "andalú de los güeno" terminó diciendo: Este nieto de bracero del Viso del Alcor, nos acumula en un golpe de calor conmovedor lo que ya nos ha venido dando por entregas: la vida, en una palabra, los sentidos y su dificultosa sencillez, la emoción de lo que no se estila, jazmines en el ojal de toda memoria que haya vivido, jazmines en el platillo de la mesilla de noche de un cuarto con postigos abiertos.



Jazmines para Antonio Burgos es como titula el prólogo del libro María Dolores Pradera...... He de volver a Sevilla porque aún tengo la esperanza de ver goletas que suban desde Sanlúcar con la marea por el río Guadalquivir, y muelles llenos de pañuelos blancos como gaviotas.

Y, recorriendo los callejones del barrio de Santa Cruz, escuchar la melodía de un piano tocado por una niña que nunca duerme la siesta, porque ansia la vuelta de su enamorado desde las Antillas.

Creo que no encontraré goletas de blancas velas ni mujeres rubias despidiendo marineros que embarcan. Pero sí tengo la seguridad de que allí está un caballero a quien pondré jazmines en el ojal. Es mi amigo Antonio Burgos.

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