Plata y Oro

Recordando a Rocío Jurado
 

Esta noche me he despertado a las tres de la mañana, y no es cuento gaditano, es verdad me desperté sobresaltado, confuso, había algo que no cuadraba, y es que soñaba que... 

Una niña morena, alta, con trenzas, correteaba por la calles chipioneras hacia la playa canturreando como si fuera una gran dama de la canción, canturreaba coplas, coplas españolas. 

La niña se despojó de sus zapatos y taconeó en la arena blanda y blanca de la orilla hundiendo sus talones, y soñaba, soñaba canturreando coplas españolas, coplas que ella quería cantar al otro lado del mar, de la mar de “Cái” de Alberti.  

La niña se adentró en el mar mirando fija al horizonte, sus manos al aire jugaban con la brisa marinera, con la derecha parecía tocar el faro vigía, y con la izquierda acariciaba en su baile el Santuario de la Virgen de Regla. 

El santuario de los frailes agustinos que cuidan su virgen negra, esa virgen negra del siglo IV construida por San Agustín y que como dice los Cantares de Salomón “Negra soy, pero hermosa hija de Jerusalén", virgen negra, de admiración general por los muchos dones que siempre dispensó a los fieles que la imploran en sus aflicciones. 

La niña bailaba en aquél escenario que era el mar mientras las olas suavemente acariciaban sus rodillas, su tono de voz fue en aumento, tanto, que oí la potente voz de Rocío Jurado que como si se revelase cantaba como la reina de la copla..... amor marinero, ¡ Ay ¡ Lola.... la de los puertos........ 

Y me desperté, y recordaba, y decidí ponerlo por la mañana en éste papel, y seguí soñando despierto y veía a Rocío con José paseando muy cerquíta de la ermita de Yerbabuena, y sentados cogidos de la mano en ese banco de fundición mirando al atardecer como el sol se baña en el lago, mientras canturrea canciones de amor duradero..............  

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ROCIO JURADO 



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